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8.26.2011

Eliminando las barreras


El libro “Sopa de Pollo para el Alma” de Jack Canfield y Mark Victor Hansen incluye esta historia relatada por el mismo Bob Proctor.

“Por aquel entonces yo participaba en un seminario de fin de semana en el Deerhurst Lodge, al norte de Toronto. El viernes por la noche, un tornado arrasó un pueblo llamado Barrie, situado más al norte; mató a docenas de personas y causó daños por valor de millones de dólares. La noche del domingo, al regresar a casa, detuve el coche al llegar a Barrie. Desde el arcén miré en derredor y me enfrenté al desastre. A mi alrededor no veía más que casas destrozadas y coches volcados.

Esa misma noche, Bob Templeton volvía a casa por la misma carretera. Se detuvo, como yo, para contemplar el desastre, pero sus pensamientos eran distintos de los míos. Bob era el vicepresidente de Telemedia Communications, dueña de una cadena de estaciones de radio en Ontario y Quebec, y pensó que debía de haber algo que pudiéramos hacer por aquella gente mediante las estaciones de radio de Telemedia.

La noche siguiente yo estaba trabajando en otro seminario, en Toronto. Bob Templeton y Bob Johnson, otro vicepresidente de Telemedia, entraron y se quedaron de pie al fondo de la sala. Ambos compartían la convicción de que tenía que haber algo que poder hacer por la gente de Barrie. Terminado el seminario nos fuimos al despacho de Bob, que estaba decidido a poner en práctica la idea de ayudar a las personas que habían sido víctimas del tornado.

El viernes siguiente, reunió en su despacho a todos los ejecutivos de Telemedia. En la parte superior de una hoja escribió tres veces el número tres y se dirigió a sus ejecutivos:

— ¿No os gustaría reunir tres millones de dólares, para dentro de tres días, en no más de tres horas y entregarle ese dinero a la gente de Barrie?

La única respuesta fue el silencio, hasta que finalmente alguien dijo:
—Templeton, estás chinado. No hay manera de hacer lo que propones.
—Un momento —lo detuvo Bob — . Yo no os pregunté si podíamos, ni siquiera si debíamos. Simplemente, os pregunté si os gustaría.
—Claro que nos gustaría —respondieron todos.

Entonces, Bob trazó una gran T debajo del 333 y a un lado escribió: «¿Por qué no podemos?». Y al otro: «¿Cómo podemos?».
—Al lado del «¿Por qué no podemos?» sólo pondré una X bien grande. No vamos a perder el tiempo en pensar por qué no podemos, no tiene valor alguno. En el otro lado vamos a anotar todas las ideas que se nos vayan ocurriendo sobre cómo podemos, y no vamos a salir de esta sala hasta que no hayamos resuelto el problema.

Se produjo un nuevo silencio, hasta que por fin alguien dijo:
—Podríamos hacer un programa de radio de cobertura nacional.
—Excelente idea —aprobó Bob, y la anotó. Antes de que hubiera terminado, alguien más dijo:
—No podemos hacer un programa de radio que cubra todo Canadá, porque no tenemos estaciones de radio en todo el país.

La objeción era muy válida, porque Telemedia sólo tenía estaciones en Ontario y Quebec.
—Pero podemos intentar convencer al resto de emisoras para que participen en el proyecto—replicó Templeton.

En realidad se trataba de una grave objeción, porque las estaciones de radio son muy competitivas.  Nunca habían colaborado entre ellas, lograr que lo hicieran sería virtualmente imposible.

De pronto, alguien sugirió:
—Podríamos conseguir que Harvey Kirk y Lloyd Robertson, los nombres más importantes en el mundo de la radiodifusión canadiense, respaldaran el proyecto.

A partir de entonces fue absolutamente fantástica la manera en que empezaron a fluir las ideas. El martes siguiente ya tenían un acuerdo con cincuenta estaciones de radio, a lo largo y ancho del país, para emitir el programa. No importaba quién participara en el proyecto, siempre y cuando el pueblo de Barrie consiguiera el dinero. Harvey Kirk y Lloyd Robertson auspiciaron el programa ¡y consiguieron reunir los tres millones de dólares en tres horas en el término de tres días hábiles!

Ya veis que se puede hacer cualquier cosa si uno se concentra más en cómo hacerla que en buscar las razones que aparentemente la hacen imposible.”

Bob Proctor


Extraído de: 
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ttp://www.yocreomifuturo.com/?p=14365

6.20.2011

¡No me digas que NO!

Se la pasan diciendo: "Ya nada puede cambiar", "Vos perdiendo tu tiempo andas", "Mejor anda a dormir, descansar tiene mas frutos", "A vos quién te dijo que eso puede ser diferente", "Así es y acostúmbrate" o un simple "Dale, poco a poco vas a ver que es imposible". Escribo a todos esos adultos que con sus frases no hacen mas que lamentarse de la actualidad, si no quieren hacerlo, dejen que lo hagamos nosotros. 

Que mejor historia que la de mi abuelo: Él a los 5 años de edad, quedó huérfano. Ya era complicado comprender la vida misma y toda la situación que se le presentaba. Siempre me decía "tu dignidad que nadie te la quite", él sabía que le costara lo que le costara, él iba a tener una familia y que la iba a amar con todo su corazón. Tuvo 12 hijos. Como que lo hubiese controlado, mitad eran hombres, mitad eran mujeres. Visitábamos a mi "Papito" todos los domingos, así le decíamos con mucho cariño a mi abuelito. Al ausentarse mi papá, él cubrió todas mis inquietudes. Sembró dudas para que yo poco a poco empezara a quebrar el molde de lo que te dicen que debes hacer, para que formara mi propio camino. 

Hoy escribo inspirada en él, que me enseñó que no necesitas de nadie para salir adelante. Basta con que te armes de valor y creas en ti. Necesitas de la sociedad, pero no necesitas de alguien con el título de "papá" o de "mamá" para saber que tienes y eres capaz de lograr lo que te propones. Si tienes una visión fija y luchas con todas tus fuerzas para alcanzarlo, lo lograrás.  

Necesitamos más adultos como él, que nos motiven a que rompamos los paradigmas que la sociedad nos impone. Se la pasan diciéndonos que no y no nos dejan intentarlo. Escribo para esos que se la pasan lamentando la situación, que lo intentaron y no lograron lo que querían. Escribo para esos que no me dejan soñar porque creen que no lograré alcanzar lo que añoro. 


Leen y léanlo detenidamente:
   Mas que me digas que no, quiero que me apoyes.
   Mas que luches conmigo, quiero que me dejes luchar por mi mismo. 
  Mas que predigas el final, quiero dejes que mi esfuerzo me lleve tan lejos como me lo proponga. 
   Mas que limitarme, quiero que me alientes.
   Mas que llenarme de tu pesimismo, prefiero tu silencio.
   Mas que me sigas, quiero que me dejes ir.
   Mas que encasillarme, quiero romper esas casillas. 

Algo te digo, con o sin tu ayuda, lucharé con todas las ganas, porque estos temas que invaden mi pensamiento, que me incomodan tanto, tienen solución y la encontraré. No podré cambiar el mundo, pero haré mi propio aporte.