9.14.2011

¡Guatemala, tu nombre inmortal!

¿Qué puedo decir? Guatemala, mi bello país de nacimiento. No podía dejar de darle un pequeño homenaje y disfrutar leer su hermoso himno nacional. Es alentador todavía poder encontrar en las calles personas trabajadoras ganándose el pan de cada día con trabajo arduo y digno. Es alentador encontrar que tu bandera ondea con el viento y que cada día conozco a más guatemaltecos con garra y con chispa. Es alentador conocer un nuevo rincón y encontrar siempre el humor tan característico de los chapines. Por eso y por muchas cosas más, espero que nuestras acciones siempre sean para enaltecer tu nombre.


Los dejo con nuestro hermoso himno, pero primero ¡saludo uno!



¡Guatemala feliz...! que tus aras
no profane jamás el verdugo;
ni haya esclavos que laman el yugo
ni tiranos que escupan tu faz.
Si mañana tu suelo sagrado
lo amenaza invasión extranjera,
libre al viento tu hermosa bandera
a vencer o a morir llamará.
Coro
Libre al viento tu hermosa bandera
a vencer o a morir llamará;
que tu pueblo con ánima fiera
antes muerto que esclavo será.
De tus viejas y duras cadenas
tú forjaste con mano iracunda,
el arado que el suelo fecunda
y la espada que salva el honor.
Nuestros padres lucharon un día
encendidos en patrio ardimiento,
y lograron sin choque sangriento
colocarte en un trono de amor.
Coro
Y lograron sin choque sangriento
colocarte en un trono de amor,
que de patria en enérgico acento
dieron vida al ideal redentor.
Es tu enseña pedazo de cielo
en que prende una nube su albura,
y ¡ay! de aquel que con ciega locura
sus colores pretenda manchar.
Pues tus hijos valientes y altivos,
que veneran la paz cual presea,
nunca esquivan la ruda pelea
si defienden su tierra y su hogar.
Coro
Nunca esquivan la ruda pelea
si defienden su tierra y su hogar,
que es tan sólo el honor su alma idea
y el altar de la patria su altar.
Recostada en el ande soberbio,
de dos mares al ruido sonoro,
bajo el ala de grana y de oro
te adormeces del bello quetzal.
Ave indiana que vive en tu escudo,
paladión que protege tu suelo;
¡ojalá que remonte su vuelo,
más que el cóndor y el águila real!
Coro
¡Ojalá que remonte su vuelo,
más que el cóndor y el águila real!
y en sus alas levante hasta el cielo,
Guatemala, tu nombre inmortal.

9.06.2011

Muere lentamente

Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su vestimenta
o bien no conversa con quien no conoce.

Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino de emociones,
justamente estas que regresan el brillo a los ojos
y restauran los corazones destrozados.

Muere lentamente
quien no gira el volante cuando esta infeliz
con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir
detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos...


¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!

¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!

Agradecimientos a mi amigo Roberto Aguilar, que recién cumplió años y es la fuente de esta publicación.

8.26.2011

Eliminando las barreras


El libro “Sopa de Pollo para el Alma” de Jack Canfield y Mark Victor Hansen incluye esta historia relatada por el mismo Bob Proctor.

“Por aquel entonces yo participaba en un seminario de fin de semana en el Deerhurst Lodge, al norte de Toronto. El viernes por la noche, un tornado arrasó un pueblo llamado Barrie, situado más al norte; mató a docenas de personas y causó daños por valor de millones de dólares. La noche del domingo, al regresar a casa, detuve el coche al llegar a Barrie. Desde el arcén miré en derredor y me enfrenté al desastre. A mi alrededor no veía más que casas destrozadas y coches volcados.

Esa misma noche, Bob Templeton volvía a casa por la misma carretera. Se detuvo, como yo, para contemplar el desastre, pero sus pensamientos eran distintos de los míos. Bob era el vicepresidente de Telemedia Communications, dueña de una cadena de estaciones de radio en Ontario y Quebec, y pensó que debía de haber algo que pudiéramos hacer por aquella gente mediante las estaciones de radio de Telemedia.

La noche siguiente yo estaba trabajando en otro seminario, en Toronto. Bob Templeton y Bob Johnson, otro vicepresidente de Telemedia, entraron y se quedaron de pie al fondo de la sala. Ambos compartían la convicción de que tenía que haber algo que poder hacer por la gente de Barrie. Terminado el seminario nos fuimos al despacho de Bob, que estaba decidido a poner en práctica la idea de ayudar a las personas que habían sido víctimas del tornado.

El viernes siguiente, reunió en su despacho a todos los ejecutivos de Telemedia. En la parte superior de una hoja escribió tres veces el número tres y se dirigió a sus ejecutivos:

— ¿No os gustaría reunir tres millones de dólares, para dentro de tres días, en no más de tres horas y entregarle ese dinero a la gente de Barrie?

La única respuesta fue el silencio, hasta que finalmente alguien dijo:
—Templeton, estás chinado. No hay manera de hacer lo que propones.
—Un momento —lo detuvo Bob — . Yo no os pregunté si podíamos, ni siquiera si debíamos. Simplemente, os pregunté si os gustaría.
—Claro que nos gustaría —respondieron todos.

Entonces, Bob trazó una gran T debajo del 333 y a un lado escribió: «¿Por qué no podemos?». Y al otro: «¿Cómo podemos?».
—Al lado del «¿Por qué no podemos?» sólo pondré una X bien grande. No vamos a perder el tiempo en pensar por qué no podemos, no tiene valor alguno. En el otro lado vamos a anotar todas las ideas que se nos vayan ocurriendo sobre cómo podemos, y no vamos a salir de esta sala hasta que no hayamos resuelto el problema.

Se produjo un nuevo silencio, hasta que por fin alguien dijo:
—Podríamos hacer un programa de radio de cobertura nacional.
—Excelente idea —aprobó Bob, y la anotó. Antes de que hubiera terminado, alguien más dijo:
—No podemos hacer un programa de radio que cubra todo Canadá, porque no tenemos estaciones de radio en todo el país.

La objeción era muy válida, porque Telemedia sólo tenía estaciones en Ontario y Quebec.
—Pero podemos intentar convencer al resto de emisoras para que participen en el proyecto—replicó Templeton.

En realidad se trataba de una grave objeción, porque las estaciones de radio son muy competitivas.  Nunca habían colaborado entre ellas, lograr que lo hicieran sería virtualmente imposible.

De pronto, alguien sugirió:
—Podríamos conseguir que Harvey Kirk y Lloyd Robertson, los nombres más importantes en el mundo de la radiodifusión canadiense, respaldaran el proyecto.

A partir de entonces fue absolutamente fantástica la manera en que empezaron a fluir las ideas. El martes siguiente ya tenían un acuerdo con cincuenta estaciones de radio, a lo largo y ancho del país, para emitir el programa. No importaba quién participara en el proyecto, siempre y cuando el pueblo de Barrie consiguiera el dinero. Harvey Kirk y Lloyd Robertson auspiciaron el programa ¡y consiguieron reunir los tres millones de dólares en tres horas en el término de tres días hábiles!

Ya veis que se puede hacer cualquier cosa si uno se concentra más en cómo hacerla que en buscar las razones que aparentemente la hacen imposible.”

Bob Proctor


Extraído de: 
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ttp://www.yocreomifuturo.com/?p=14365